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Después de Forbes Mujeres Power Summit, llegué a casa on fire.

Silvana Noya
30 sept
4 min de lectura

Actualizado: 4 oct

Últimamente estoy prestando mucha más atención a cómo estoy viviendo, a dónde pongo mi energía y cuánto de mi vida transcurre realmente presente. Y la realidad es que cada vez siento más que las redes, que son herramientas maravillosas de conexión, de venta, de educación y de tantas otras cosas, también nos distraen y muchas veces nos alejan de nuestra propia potencia.


Todo ha pasado demasiado rápido, de una manera tan vertiginosa que siento que no nos hemos detenido lo suficiente a pensar qué está pasando, qué viene ahora y qué podemos hacer cada uno desde nuestro lugar en el mundo para colaborar con el nacimiento de lo que viene. Y digo nacimiento, aunque en realidad ya está ocurriendo.


Escucho muchas conversaciones que todavía pertenecen al siglo XX, formas de pensar, modelos y conceptos que quedaron antiguos frente al mundo que tenemos delante. Creo que hoy necesitamos conversaciones más frescas. ¿Qué hacemos con la IA desde nuestros lugares profesionales? ¿Cómo nos potenciamos? ¿Cómo ayudamos a quienes trabajan con nosotros a incorporar esta herramienta? ¿Cómo hacemos para aprovecharla sin perder aquello que nos hace humanos?


Tengo la enorme fortuna de haber nacido en esta era. Al menos en esta vida que recuerdo, las otras no sé. Y estoy feliz de eso, aunque también me genera cierta preocupación.


Hace tiempo vengo preguntándome cómo la tecnología está afectando nuestra manera de vincularnos y no solo entre nosotros, sino también con la vida misma. Con algo que salió mal, con una conversación difícil, con una separación, con un despido, con la frustración de que algo no suceda cuando queremos.


Siento que incorporamos la inmediatez y la gratificación inmediata como si fueran parte natural de la vida y nos estamos olvidando de los procesos. Algunas cosas llevan tiempo. Aprender lleva tiempo. Construir lleva tiempo. Y nosotros también necesitamos tiempo.

Estamos hiperconectados y, sin embargo, muchas veces socialmente saciados pero afectivamente hambrientos.


Y pienso especialmente en los jóvenes, que están creciendo dentro de un sistema que muchas veces todavía responde a modelos viejos, mientras el mundo cambia a una velocidad enorme. Creo que tenemos que abrir la puerta a nuevas posibilidades, sentarnos a pensar interdisciplinariamente, reflexionar, cuestionar lo que damos por hecho. Hacer una pausa, sí, pero no una pausa pasiva: una pausa reflexiva con acción.


Hoy tuve la oportunidad de participar en Forbes Mujeres Power Summit y, como me pasa muchas veces en estos encuentros, salí inspirada, con la energía renovada y con una sensación interna difícil de explicar: que, con mis aciertos, mis errores, mis momentos de avance y también mis momentos bajos, quizás no lo estoy haciendo tan mal. No necesariamente al ritmo que quisiera, pero sí al ritmo que hoy puedo. Y también estoy aprendiendo que los procesos tienen su propio timing.


Hace tiempo también me pregunto por qué seguimos asociando éxito y fracaso casi exclusivamente a conceptos empresariales. ¿Qué es el éxito cuando lo pensamos como sinónimo de empresa, de eficiencia, de crecimiento, de dinero? Dinero queremos todos, claro. Pero quizás también tengamos que preguntarnos desde dónde estamos construyendo, qué nos mueve, cuál es nuestra potencia y cuál es ese lugar en el que somos realmente buenos y que muchas veces consideramos apenas un “hobby”, cuando ese hobby puede ser, en realidad, una de las formas más genuinas de expresar quiénes somos y qué vinimos a hacer en el mundo. Hay mucho para descubrir ahí.


Estamos entrando en un mundo que necesita rediseñar muchas cosas. La IA llegó con toda su fuerza, sin demasiado aviso, y yo le doy la bienvenida. Me entusiasma. Pero darle la bienvenida a la IA no significa olvidarnos de lo básico y fundamental: los encuentros humanos, la presencia del otro, la conversación, la autenticidad, la posibilidad de mostrarnos vulnerables cuando hace falta.

Detrás de las empresas, los emprendimientos, las organizaciones y los proyectos seguimos estando nosotros: personas con cuerpos, emociones, historias, mundos internos y también una dimensión espiritual.


Por eso creo que necesitamos mirar con honestidad qué funcionó, qué ya no funciona y qué tenemos que dejar ir. Abrirle la puerta a la IA, sí, pero sin convertirnos en unos yonquis digitales. Entiendo perfectamente la satisfacción que produce hacer solos, en segundos, cosas que antes requerían horas de trabajo o la asistencia de otras personas. Nos da placer, nos hace sentir capaces, nos facilita la vida. Pero no todo lo que produce satisfacción necesariamente nos hace bien. Todo con medida, amigos.

Y por eso también sigo creyendo cada vez más en los encuentros presenciales, en las comunidades, en las conversaciones cara a cara y en esos espacios entre pares donde podemos encontrarnos con personas que están atravesando preguntas similares.


Especialmente entre mujeres que alguna vez pensamos “esto no es para mí”, “yo no puedo”, “que lo haga otro” y que después descubrimos que muchas veces todo ese esfuerzo valía la pena no solamente por el resultado, sino por lo que nos construía durante el proceso.


Y creo que de ahí viene también este popurrí de pensamientos. Escuchar hoy a tantas mujeres hablar desde lugares tan diferentes y, al mismo tiempo, encontrarme reflejada en muchas de las preguntas, inquietudes y conversaciones que hace tiempo vengo teniendo. No salí con respuestas nuevas. Quizás todo lo contrario: salí con más preguntas, pero también con la sensación de que muchas de esas preguntas que me hago no son solamente mías.


Y eso también es poderoso. Encontrarse con otras mujeres que están pensando, cuestionando y atravesando procesos similares, aunque cada una lo haga desde su propia historia y experiencia.


Gracias a todas las mujeres que hoy compartieron sus miradas en Forbes Mujeres Power Summit. Me sentí muy reflejada en muchas de sus preguntas y me fui a casa con la cabeza llena de pensamientos.


Quizás no necesitamos tener todas las respuestas. Quizás necesitamos seguir haciéndonos buenas preguntas y encontrar espacios donde podamos conversarlas.


Forbes Mujeres Power Summit

 
 
 

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